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Nadie me tiene que contar que es lo que están pasando las personas insolventes ya que lo he vivido en primera persona. En mi caso fueron tres años en esa situación. Tres años eternos en los que parece que se detiene el tiempo y en el que ya no recuerdas una vida normal o tu vida anterior, esa en la que reías, disfrutabas de la familia, de los amigos y el trabajo no faltaba, porque esa vida se acaba en el momento en el que los problemas económicos entran por la puerta y que en muchos casos destroza a las personas y las familias.

Recuerdo trabajar en el Taxi esos años y salir por la mañana de madrugada sin apenas cambio en el bolsillo, un día si y otro también con el depósito de gasolina prácticamente vacío, necesitando urgentemente hacer un servicio para poder simplemente repostar. Estar 14 horas trabajando, ir pagando prestamos conforme iba recaudando y llegar a casa sin nada de dinero, siendo muy difícil mirar a los ojos de tu mujer. Recibir 100 llamadas diarias de los acreedores, el buzón lleno de cartas amenazantes, de que te han metido en el ASNEF o que van a proceder a embargarte el coche por no pagar. Se te cae el alma a los pies cuando vas a comer a casa de tus padres un domingo y ves que ya tienen la compra del Mercadona con lo básico (leche, arroz, galletas) por que no tienes con que dar de comer a tus hijos. O tener que estar constantemente pidiendo a familiares y los amigos mas cercanos algo prestado para que no te corten la luz o el gas. Limpiar la comunidad de vecinos por que debes varios recibos. No poder irte de cena poniendo siempre excusas tontas a los amigos, olvidarte del cine por supuesto o hasta de unas simples par de cañas con los colegas. Tratar de que tus hijos no se enteren de la situación, siempre con una sonrisa forzada y tratando de darles todo aquello que no se puede comprar con dinero, que curiosamente al final es lo mejor que se les puede dar. La sensación de fracaso, la sensación de falta de credibilidad, la sensación de desprecio por ser moroso que algunas personas te dan sin darse cuenta del mal que están haciendo, y un largo etcétera de situaciones y sensaciones a cuál de todas más jodida.

Mil visitas a los bancos, mil visitas a la Agencia Tributaria, mil visitas a la Seguridad Social, un ida y otro día, una semana y otra semana, un mes y otro mes, un año y otro año, tratando de negociar o de que te den alguna solución, pero sin ningún éxito o pequeña mejora.

Recordar… 3 años así en mi caso (pero tengo clientes que llevan así una década) hasta que encontré la solución en la Ley de Segunda Oportunidad, sin la cual seguramente no hubiera podido salir de esa situación.

Por eso, da igual si ha sido por meterte en un negocio fallido, por endeudarte por encima de las posibilidades o como narices has llegado a esa situación, si estas leyendo esto, busca un abogado experto en ley de segunda oportunidad sin dudarlo un momento y a por ello. No va a ser fácil, no es todo rosa y unicornios, en algunos momentos incluso duro, súmale nervios e incertidumbre durante meses, pero con toda la honestidad del mundo te digo que es la única solución para salir del hoyo.

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